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Emprender en el sector más eficiente

Opinión

Emprender en el sector más eficiente

 

Emprender está de moda. La economía colaborativa está de moda. Si juntamos ambos elementos, tendremos una de las actividades económicas que más modelos disruptivos y eficiencia genera. Pero hacerlo en este sector no es tarea fácil.

Emprender en la economía colaborativa

Ambos, emprender y la economía colaborativa, están de moda y en los medios día tras día, pero no parece que sean pasajeras. El emprendimiento finalmente está tomando la relevancia que se le ha negado en nuestro país de manera histórica. Ha llegado a tal nivel que incluso se habla de burbuja de startups. A esta denominación tan característica del sector de turno de nuestra economía ha contribuido, en buena medida, la economía colaborativa. No en vano, tenemos en nuestro panorama emprendedor español a más de 500 iniciativas relacionadas con esta nueva forma de consumir, producir, financiarse y aprender, que además vienen acompañadas de grandes inversiones, animadas por la alta escalabilidad de los proyectos, y que están batiendo récords.

En comparación con el total, son pocas las que son rentables de momento, y eso a pesar de estar haciéndolo muy bien y comunicando su aporte de valor de manera excelente. Es decir, el hecho de que a las más conocida les cueste obtener beneficios tras varios años de vida y una amplia base de usuarios, es señal de las dificultades que entraña este sector. Una forma diferente de hacer las cosas conlleva una forma diferente de emprender. Veamos las razones.

Del “Just in time” al “Just not mine”

Los japoneses crearon el método de “justo a tiempo” para reducir costes y pérdidas y producir así de manera más eficiente. La economía colaborativa ha demostrado que la eficiencia puede ir más allá de la optimización de los procesos. Pero, que un sistema aporte sencillez, no quiere decir que sea sencillo de idear e implementar. La diferencia con el primer método es que la implementación es aún más difícil, ya que no depende de trabajadores y la formación recibida por estos. Estamos hablando de una economía en la que los medios de producción son de las personas y no de las empresas que operan en el sector, que básicamente ofrecen la tecnología para permitir las transacciones entre los particulares de manera ágil y segura.

Los nipones estuvieron más de 15 años aprendiendo a base de prueba y error. Actualmente somos conocedores de muchos casos de éxito y muchos aprendizajes que han ido surgiendo por el camino en las startups colaborativas. Aún así, cada caso tiene sus peculiaridades y estas dependerán en buena medida de la propuesta de valor y los usuarios que formen parte de la plataforma.

¿El huevo o la gallina?

El principal problema que se presenta con estos modelos de balances ligeros es casar oferta y demanda. ¿Es preferible tener una demanda esperando obtener lo que busca y/o resolver su problema o es mejor tener una oferta preparada para cuando la demanda la requiera?

En general, hay que enfocarse en tener una mínima base de usuarios dispuestos a ofrecer lo que la demanda viene a buscar. Hasta ahora, en la economía tradicional, la oferta se adquiría a proveedores a cambio de un precio. Ahora, para poder comerciar con algo que no es nuestro, hay que convencer y atraer a la oferta para que ponga en valor sus bienes y servicios.

La clave es enfocarse en un segmento de early adopters que conformen esta oferta (que también puede ser demanda, según sector) y ofrecerles una propuesta de valor clara – principalmente rentabilizar activos infrautilizados o habilidades – y confianza para compartir sus bienes u ofrecer sus servicios (ya sea prestando, alquilando o cualquiera de las opciones que permite este tipo de consumo), utilizando para ello elementos que aporten seguridad, como son los sistemas de reputación, seguros, asistencia 24/7, etc.,  y ofreciendo una experiencia de usuario sencilla y completa.

Un sector nada sencillo

Puede parecer fácil, pero no lo es. Si ya hay competencia en ese sector – ojo con esto, no sea que no haya porque no hay mercado – hay que explicar a  estos usuarios productores cuál es la diferenciación que ofreces y el valor extra que se llevan – mayor seguridad, menores comisiones, mejor difusión, mercado exclusivo,etc. -.

Si no hay competencia, o la que existe también está en sus inicios, hay que empezar explicando los beneficios de permitir el acceso a un bien o de ofrecer un servicio a otro par y por qué estos beneficios superan a las desventajas, siendo las más comunes los costes de transacción que se generan a la hora de llevar a cabo una actividad y la inseguridad. En todas estas conversaciones, el feedback que se recibe hay que tratarlo como lo que es: oro en forma de información para corregir nuestras hipótesis.

Ser la mayor hotelera sin tener habitaciones, la mayor flota de transporte de pasajeros por carretera sin tener coches, o el mayor mercado de objetos de segunda mano sin tener inventario tiene una rentabilidad potencial inimaginable. Por eso mismo el camino para llegar ahí no puede ser sencillo. Repetir lo que han hecho otros no garantiza ni mucho menos el éxito, pero si lo unimos a conocer dónde han fallado la mayoría, tendremos buenas pistas.

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Fundador de startupscolaborativas.com y conector en OuiShare. Emprendedor y consultor especializado en el sector colaborativo. Entusiasta de los sistemas que empoderan a las personas, los modelos de negocio innovadores y los emprendedores sin miedo a equivocarse. Sígueme en twitter @PakoBautista

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