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No desperdicies Ni Las Migas con esta app

Alimentación

No desperdicies Ni Las Migas con esta app

La alimentación es uno de esos temas tan importantes sobre los que nunca se escribirá lo suficiente para alertar de los riesgos a los que nos enfrentamos. En esta ocasión nos centraremos en el despilfarro de comida. La app Ni Las Migas nos ofrece una oportunidad de analizar datos del sector alimentario y reflexionar sobre ellos para buscar soluciones.

Ni Las Migas

Ni las migas (iOS/Android) es un proyecto de economía circular cuyo objetivo es revalorizar los alimentos. La idea es utilizar las nuevas tecnologías para ayudar a reducir los impactos del desperdicio alimentario. Su aplicación permite poner en contacto a locales (bares, restaurantes, panaderías, pastelerías…) que disponen de comida en buen estado – punto extremadamente importante -, con difícil salida, debido a no estar recién hecha, y que normalmente acabaría en la basura, con potenciales clientes. Estos últimos son consumidores que prefieren sacrificar algo de frescura de los alimentos a cambio de obtener un mejor precio y ayudar así a luchar contra el despilfarro de comida.

La propuesta de valor se puede resumir en ofrecer a los negocios del sector alimentario una salida a los productos aún en perfecto estado que se suelen tirar, y que podrían ser rentabilizados a la vez que combaten el desperdicio alimentario. Además, el mismo modelo invita al usuario a visitar el local (atraer cliente al local para compras cruzadas y contacto con el comerciante para futuras compras), frente a un modelo delivery que está en auge.

Cómo surge la idea

La idea nació cuando los cuatro fundadores – tres ingenieros agrónomos y uno informático – se conocieron en Dinamarca. Allí asistían a eventos tipo Disco Soupe que denunciaban el despilfarro de comida. Precisamente, en ese país hay en marcha una iniciativa que inspiró a estos emprendedores y que ha conseguido reducir en un 25% el desperdicio alimentario.

Allí se dieron cuenta de algunos hechos interesantes y de las diferencias entre ese país y el nuestro. Un ejemplo serían las panaderías: en Dinamarca el pan es caro y debido a esto la app funciona muy bien para conseguir piezas del día anterior no vendidas a un mejor precio. En España, el pan es relativamente barato y han comprobado que a la gente no le interesa comprar, por ejemplo, una barra un poco más dura a menor precio. En este sentido, parece claro que el estímulo del precio tiene alta importancia y éste ha de ser mucho mayor.

Tomando este simple ejemplo, se pone de manifiesto que adaptar una idea de este tipo a nuestros país no es tarea sencilla. Entre otros factores, como el mencionado anteriormente de la diferencia de precios, tenemos el social. Al igual que al principio de esta era colaborativa nos costaba pedir prestado herramientas a nuestros vecinos – o compartir coche o casa con desconocidos – porque era “algo de pobres y ahora vemos que es algo de listos”, y actualmente nos hemos convertido en los campeones europeos en el uso de estas alternativas al consumo, eso de comprar sobras o productos no frescos costará su tiempo que penetre como opción generalizada. Como ya vamos conociendo nuestro país, parece claro que esta actividad tomará un periodo de adaptación pero, una vez superado, estoy seguro de que la asimilaremos en nuestro día a día.

Momento

Ha pasado año y poco desde el diseño del concepto. A finales del año pasado lanzaron la aplicación. Actualmente, y desde diciembre, están enfocados en contactar con locales de Madrid para que ofrezcan sus excedentes a través de la app. Hasta marzo, y gracias al feedback conseguido de sus usuarios iniciales, estuvieron depurando el sistema para mejorar el servicio. Como suele ser habitual, empezaron con reservas a través de sus círculos cercanos y desde el primer trimestre han estado probando campañas de Facebook para promocionar algunas ofertas subidas. En la actualidad cuentan con 4000 usuarios, de los cuales hay 600 muy activos y unos 45 locales comerciales.

Planes a corto y medio plazo

Sus planes pasan, como no podía ser de otra manera, por crecer en usuarios de ambos lados de la plataforma – oferta y demanda – de manera orgánica para seguir aprendiendo y, posteriormente, expandirse a otras ciudades, incluyendo algunas de Latinoamérica, que ya han expresado su interés en la idea. Por esas latitudes ya cuentan con lo principal, que es una cultura que los ha convertido en un referente en nuevas tecnologías para evitar despilfarro. Parece que el salto puede ser más que interesante.

El modelo de negocio con el que cuentan es el transaccional, esto es, la plataforma se queda con un tanto por ciento de cada venta. Anteriormente se comentaba la importancia que tiene el precio como estímulo, con lo cual desde esta startup intentan negociar los precios de la oferta con cada local para que éste sea atractivo.

Hasta ahora las fuentes de financiación con las que han contado han sido las propias, pero una vez que consigan unas métricas interesantes comenzarán a buscar capital para cubrir sus necesidades con vistas a un crecimiento exponencial. Como proyecto que es de alto impacto social y medioambiental, basado además en comunidades de personas, no descartan el crowdfunding como vía de acceso a esos fondos.

My two cents

Sobre Ni Las Migas simplemente añadir que me parece un proyecto muy interesante, bien pensado y definido, que puede ayudar de manera significativa a combatir un despilfarro sin sentido. Despilfarro que cuenta con unas cifras asombrosas: 10 millones de toneladas en la Unión Europea. O, lo que es lo mismo, unos 200 kilogramos por persona y año. Y, mientras, 16 millones de personas pasan hambre sólo en nuestro continente.

Mucha de esta comida que se tira es por un simple motivo estético – sobre todo frutas y verduras- , ya que son productos con pequeños defectos, que ya se sabe que no tienen salida – y por lo tanto no entran en la cadena comercial por no entrar en estándares establecidos – aunque estén perfectamente para ser consumidos y contengan todos sus nutrientes. Otra buena parte de ese desperdicio se trata de comida que va a caducar en breve o incluso raciones que han sobrado del menú del día.

Cada vez contamos con más herramientas para consumir de manera más sostenible en el sector alimentación, como son los grupos de consumo, tanto los tradicionales offline, como los online tipo La Colmena Que Dice Sí o Farmidable, que combaten la huella ecológica del transporte de alimentos y ofrecen alimentación más sana; startups para que los comercios rentabilicen sus excedentes como la protagonista de hoy; u otras para compartir alimentos entre particulares como FoodSharing desde Alemania o yonodesperdicio en España.

Para finalizar, no voy a obviar la responsabilidad del sector público en todas estas problemáticas. En Francia, los locales de más de 400m2 tienen prohibido tirar la comida, bajo altas multas. En Italia se facilita donación a través de incentivos fiscales.

En España, para no variar, la normativa dificulta la donación de alimentos por motivos de seguridad – por ejemplo la cadena de frío – y diría que sobre todo por la falta de interés para acabar con este desperdicio, aunque hay motivos para la esperanza en vista de este informe. Europa – una vez más Europa – ya está trabajando para imponer sentido común a los Estados miembro. Por último, dando ejemplo también en nuestras fronteras, en Catalunya ya se está trabajando a nivel político sobre este asunto, cogiendo fuerza el modelo italiano, que quizás – sólo quizás – tendría más sentido para concienciar mediante estímulos en lugar de imponer.

En siguientes entradas seguiremos comentando las problemáticas a las que nos enfrentamos. Estaré encantado de que me hagáis llegar más datos sobre el tema o soluciones que vayan surgiendo.

Foto de portada by JJ Ying

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Fundador de startupscolaborativas.com y conector en OuiShare. Emprendedor y consultor especializado en el sector colaborativo. Entusiasta de los sistemas que empoderan a las personas, los modelos de negocio innovadores y los emprendedores sin miedo a equivocarse. Sígueme en twitter @PakoBautista

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