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RideLink, crónica de un crowdfunding exitoso que acabó mal

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Crowdfunding

RideLink, crónica de un crowdfunding exitoso que acabó mal

Por primera vez, y espero que no sirva de precedente, un artículo de este espacio está centrado en una campaña de equity crowdfunding que ha resultado en un fiasco aun habiendo sido un éxito. RideLink, plataforma de alquiler de vehículos entre particulares, dejó de funcionar el pasado mes de diciembre dejando atrapados a los inversores que habían confiado más de un millón de libras a la startup pocos meses antes.

RideLink

Tras haber recibido más de cuatro millones de euros en dos rondas de financiación hasta la fecha de inicio de campaña, con el Venture Builder Rocket Internet como lead investor, los fundadores de RideLink se propusieron abrir el capital social a su comunidad y a otras personas para hacerlas partícipes de sus beneficios y riesgos, siendo esto último lo único que llegó a materializarse.

Para ello contaron con la plataforma británica de equity crowdfunding Seedr, que lleva desde 2012 funcionando en el sector de la financiación alternativa y a través de la cual, en 2016, ya se habían financiado con éxito 250 startups con una tasa de fallo del 40% y un beneficio a los tres años de la inversión de más del 40%, incluyendo las ventajas fiscales de las que se disfruta en UK. Más información en este enlace.

Pocos datos

Para la campaña, como se puede apreciar en el vídeo, RideLink se presenta como un proyecto consolidado, con un mercado amplio aún por abrir y un equipo sólido detrás para poder conquistarlo. Tras las rondas conseguidas, la valoración pre-money de la startup (es decir, antes de contar con lo recaudado en la ronda presente) se fijó en 5 millones de libras. También en los textos de su página de la campaña hay muchos datos sobre la idea, el mercado y el equipo pero, nuevamente, pocos o ningún número que refleje la situación de la compañía hasta la fecha.

El hecho es que el 27 de mayo de 2017 la ronda se da por cerrada de manera exitosa, con más de un millón de libras recaudadas a cambio de un 16,52% del capital social. En la página de la campaña no aparece el dato de cuántos inversores participaron, aunque cuando entré a principios del pasado abril para escribir mi artículo para este espacio ya había varios pequeños inversores que habían aportado y se encontraba al 55% de la cantidad solicitada.

Ni seis meses más tarde, una carta del fundador llegaba a los inversores y los cogía por sorpresa al enterarse de que la empresa tenía que cerrar. Las causas aducidas eran que no habían podido cerrar una nueva ronda que, según contaba, era necesaria para seguir operando y, sobre todo, pesaba la entrada de competidores con una financiación mayor.

En este post se critica la gestión por parte de los fundadores y se plantea si tanto ellos como Rocket sabían de los problemas de liquidez que arrastraba la startup. Además, hay un comentario de un inversor potencial que, según escribe, hizo una pregunta sobre los número de la empresa y por respuesta obtuvo que eran secretos.

My two cents

No quiero imaginar la cara que pondría un business angel, VC o cualquier inversor profesional si alguien que busca financiación le ofrece esa misma respuesta sobre los números de una empresa. La pregunta es ¿por qué no hubo transparencia absoluta con inversores minoritarios que iban a arriesgar su capital? Y también ¿por qué no intervino la plataforma, tal y como ha ocurrido otras veces, por ejemplo en Kickstarter, cuando las cosas no eran nítidas por parte de los promotores?

Escribí un artículo sobre RideLink cuando lanzaron su campaña y poco después han fallado. En su momento me pareció interesante hablar sobre un nuevo caso de una startup de la economía colaborativa que optaba por formas más colaborativas de financiarse. Está claro que las startups fallan, y fallan mucho más que triunfan, y eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de poner el dinero en un proyecto.

Pero lo que también parece claro es que no se pueden permitir casos en los que se añadan riesgos ocultos al no ofrecer toda la información. En general, dejando aparte este caso aún por conocer en profundidad, las responsabilidades deberían quedar depuradas por parte de los administradores de cualquier empresa para subsanar el posible daño causado a inversores que confiaron en la información proporcionada. Por parte de los inversores se ha de exigir toda la información y, si ésta no queda clara, no se ofrece o quedan dudas, jamás invertir o incluso ponerlo en conocimiento de la plataforma por si se estuvieran contraviniendo las normas de la misma.

Cabe destacar que a pesar de su importancia en cuanto a la comunicación, no todos son vídeos fantásticos y palabras bonitas en una campaña de crowdfunding. Si detrás no hay un proyecto sólido, con las necesidades de capital cubiertas para poder seguir operando en el corto y medio plazo tras la ronda y con las cuentas saneadas, esta forma de financiación no es la adecuada. Las rondas han de servir para crecer y aumentar el valor, no para tapar agujeros. Si no se ofrece toda la información hay que sospechar. Si se ha engañado o mentido a los posibles inversores hay que afrontar las responsabilidades derivadas.

¿Qué ocurriría en España?

Si esto ocurriera en España, según Enrique Moreno, abogado especializado en crowdfunding y fundador de LegalCrowd, a pesar del riesgo evidente de este tipo de inversiones, habría que analizar qué ha ocurrido en esos pocos meses tras la campaña de crowdequity para depurar responsabilidades. El inversor se basa en la información proporcionada y, según su veracidad, habría un tipo u otro de responsabilidad. Esta responsabilidad podría llegar si se ha actuado de mala fe, falta de diligencia o lealtad y se podría materializar en una acción o bien individual, contra el daño producido a los inversores, o bien a través de una acción social de responsabilidad contra los administradores por el daño ocasionado a la sociedad.

En cualquier caso, si la sociedad fuese insolvente tendría que declarar el concurso de acreedores que, de acabar en liquidación, llevaría a que los inversores muy posiblemente perdieran todo lo que aportaron a la sociedad. Además, al no ser acreedores de la sociedad, tampoco percibirían nada por el éxito de una posible responsabilidad concursal en virtud de la cual los administradores se vieran obligados a responder total o parcialmente por el déficit.

Con respecto a la plataforma, continúa el experto, habría que analizar también si la misma se compromete o no a examinar los proyectos de manera previa, determinando el nivel de riesgo que implica cada proyecto para los inversores, así como cualquier otra variable que pueda resultar útil para que los inversores decidan invertir o no, por cuanto dependiendo de si ofrece ese servicio auxiliar podría existir una posible responsabilidad de la plataforma.

En resumen, el crowdfunding de inversión no es juego ni para inversores ni para promotores. Es una herramienta muy potente de captación de capital, que está ayudando a financiarse a cada vez más proyectos de impacto positivo, pero que hay que conocer para actuar tanto a uno como a otro lado de la plataforma.

Otros casos en UK

Aquí un interesante artículo con los siete fallos más sonados del equity crowdfunding en UK hasta finales de 2016. Como viene siendo habitual, no gestionar bien el burn rate y enfocarse en crecimiento por encima de la búsqueda de beneficio son dos de los factores decisivos a la hora de hacer naufragar un proyecto. Una de las empresas mencionadas incluso fue acusada de haber engañado a los inversores, ya que de manera previa a la campaña, presuntamente, habían contratado a expertos en resolver problemas de flujo de caja y este dato no fue comunicado en ningún momento.

Foto de portada by unsplash-logoNeONBRAND

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Fundador de startupscolaborativas.com y conector en OuiShare. Emprendedor y consultor especializado en el sector colaborativo. Entusiasta de los sistemas que empoderan a las personas, los modelos de negocio innovadores y los emprendedores sin miedo a equivocarse. Sígueme en twitter @PakoBautista

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