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Crítica de la crítica: a vueltas con la economía colaborativa

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Crítica de la crítica: a vueltas con la economía colaborativa

Hace ya algunos años que vengo sosteniendo, y poniendo de manifiesto con ejemplos en este mismo espacio, que la economía colaborativa es mucho más que alojamiento y transporte y que va mucho más allá de las plataformas conocidas. Muchas de las críticas que se le suele hacer al sector suelen venir de personas que no han analizado más que los titulares que salen, día sí día también, confundiendo términos y basándose tan solo en lo superficial. Hoy quiero dar respuesta a uno de los numerosos artículos que han tratado este tema de una manera que, en mi opinión, no es justa.

Cómo la economía colaborativa iba a arreglarnos la vida y cómo acabó amargándonosla

Bajo este titular, el autor del post hace un pequeño repaso al sector. La pregunta que me hago es ¿cuándo exactamente se prometió arreglar la vida a alguien a través de la economía colaborativa?, ¿de verdad alguien puede pensar que un par de plataformas pueden tener un impacto aún mayor que el de nuestros políticos? Porque recordemos que la democracia -el menos malo de los sistemas de gobierno- también se supone -y esto es más cierto que el titular- que iba a mejorar nuestras vidas. Y aquí estamos, en pleno siglo XXI, aún luchando por derechos básicos como el trabajo y la vivienda y aguantando corrupción -que además pagamos todos- día tras día.

También comenta el autor que “la idea de volver a los orígenes, a que las personas intercambien bienes y servicios con otras personas sin intermediarios, sonaba prometedora”. Las plataformas, por muy cooperativas, distribuidas, horizontales, o incluso crudiveganas que sean, intermedian. Otra cosa es que eliminen algunos intermediarios o lo hagan de manera más eficiente, que es lo que ha ocurrido en la mayoría de sectores en los que opera.

Democratización

“Olía a democratización. Sobre el papel, era perfecto”, continúa. Pues hombre, la democracia también sobre el papel es perfecta, y aquí seguimos. Por otra parte, lo que sí ha conseguido el sector es democratizar la economía, en la que ahora la ciudadanía, además de trabajar para ganar dinero y pagar lo que consume, también produce, poniendo en valor sus bienes, servicios, tiempo, talento e incluso dinero infrautilizados, a través de esas plataformas, ya sean grandes unicornios o cooperativas.

“Los que prometieron economía colaborativa, de persona a persona, ahora están al frente de unicornios”. De nuevo, ¿dónde están las fuentes de esas promesas?

También habla en el post de que estas plataformas, se refiere a Airbnb y a Uber, “desafían las leyes fiscales y laborales, precarizan empleos y pisotean los derechos de sus trabajadores”. Bien podría estar hablando de muchas empresas de cualquier sector, cualquier nacionalidad, incluyendo la española. A pesar de ello, opino que antes de lanzar tales acusaciones habría que ofrecer datos que las sustenten.

Sigue el artículo ahondando en temas de empleo, metiendo a plataformas como Deliveroo o Amazon en el sector de la economía colaborativa, que de colaborativas tienen poco. En cualquier caso, son servicios profesionales y, por tanto, simplemente podríamos hablar de economía de plataformas, bajo demanda o digital, al igual que ocurre con Uber, tal y como está configurado en España y en casi toda Europa.

Alternativas a las “estrellas de la muerte”

Pero, sin duda, la parte más interesante es en la que trata sobre ejemplos y alternativas a estos grandes monstruos corporativos: Fairbnb y Fairmondo, que según él eliminan intermediarios gracias a las herramientas tecnológicas. O sea, que básicamente hacen – o prometen- lo mismo aunque haya otra filosofía detrás. Vayamos por partes.

Viviendas turísticas y gentrificación: Fairbnb

Comencemos por Fairbnb. Esta idea lleva dos años en fase proyecto y, a falta de otros datos, ya que la web no está operativa como plataforma de alojamiento debido a que el proyecto aún está en desarrollo -y quizás en fase piloto en Ámsterdam-, tiene la ingente cantidad de 518 seguidores en Twitter. Es decir, que claramente es un proyecto en fase tan temprana que no se debería poner como ejemplo de nada y mucho menos hablar de una experiencia turística distinta, ya que ésta es inexistente actualmente. En el futuro, si llegase a funcionar, seré el primero que de verdad se alegrará, pero ahora mismo utilizarlo como ejemplo es un error.

Por supuesto, no podía faltar en el artículo el tema de la gentrificación y aparece Madrid como ejemplo por el crecimiento del precio de los alquileres. El único dato que se ofrece es el que confirma que se han alcanzado máximos históricos de estos en hasta en diez distritos, con el caso destacado del distrito centro, donde -dice- una de cada diez viviendas está destinada a los turistas. Con datos de 2011 -porque desgraciadamente no hay otros- tenemos que en este distrito hay 91.186 viviendas, de las cuales, según datos de Inside Airbnb, 8.474 están en la plataforma californiana, siendo 6.386 vivienda entera la ofrecida y 1.985 habitaciones privadas.

Como estas últimas no eliminan vivienda del mercado residencial ya que están ocupadas por residentes, tenemos que el dato se nos queda en que el 7,35% de las viviendas del distrito centro se sustraen del mercado residencial para ofrecerse en el de las viviendas turísticas. Desde luego no son pocas y su impacto económico tendrá, creo que esto no lo ponen en duda ni las propias plataformas de alojamiento turístico. El problema viene cuando sigues mirando datos y ves que en 2011 ya había 11.200 viviendas vacías (12%) solo en ese distrito -es decir, casi el doble que en el alquiler vacacional, en Airbnb- y piensas que, quizás, también influye algo en este tema tan grave. Y todo esto sin entrar a hablar de las SOCIMIS, que da para otro artículo.

Más problemas vienen cuando sigues indagando y te vas a otro distrito con alto incremento del precio del alquiler. Usera, con un incremento del alquiler del 15,3%, dispone de 59.285 viviendas (de nuevo datos de 2011), de las cuales hay en Airbnb 181 viviendas. De estas 181, que representan un 0,3% del total de viviendas, hay 59 que se ofrecen enteras y 119 por habitaciones. Es decir, el doble son habitaciones privadas que permiten a sus dueños unos ingresos extras y que no son sacadas del mercado porque no están en él. Vacías, por otra parte, hay 5.215 (8,94%).

Quizás, y solo quizás, es una casualidad que el precio también haya subido tras poner un centro comercial (Plaza Río 2) a las puertas del distrito y, sobre todo, tras la construcción de Madrid Río hace ya más de cinco años. Es decir, que quizás la gentrificación, visto los datos de Airbnb en ese distrito, proviene de diversos factores y no tan solo de las malignas plataformas de alojamiento turístico. Que ¡ojo!, su impacto tendrán y no lo dudo.

Siguiendo con este manido -y en general poco basado en datos- tema de la burbuja del alquiler, también hay que tener en cuenta que hay menos oferta de vivienda por los años de la crisis. En la Comunidad de Madrid el crecimiento se ralentizó desde 2007. Con datos de la CAM en la mano tenemos un buen indicativo de este hecho que también impacto -y mucho- en el mercado.

Otro factor interesante es el incremento de la demanda tras la crisis, a cuyo ritmo no puede ir la oferta y, por tanto, crea desequilibrios. Para acabar con algunos de los factores que pueden influir en esta burbuja del alquiler que estamos viviendo en algunas ciudades, hay que hablar del mercado hipotecario que, aunque ha crecido a dos cifras desde 2016 (entre un 10 y un 20%), aún se conceden tres veces menos hipotecas que en los máximos de 2008 y un millón de hipotecas menos que hace 15 años.

Recordemos que las condiciones ya no son las de antaño, donde se concedía el 100% -y más allá- a valoraciones estratosféricas. Ahora, como norma general se da el 80% del valor de la vivienda, con lo cual, y a pesar de los salarios desorbitados que ofrece la economía no basada en plataformas, la gente tira por el alquiler por no poder adelantar el casi 30% necesario (no olvidemos los gastos), incrementando la demanda y, por tanto, los precios.

Segunda mano y movilidad

Vamos ahora con Fairmondo. Este marketplace, que más que asemejarse a Amazon lo hace a Ebay o Wallapop ya que está exclusivamente enfocado en el mercado de segunda mano, tiene más de 5 millones de objetos puestos en la plataforma y 2.000 personas como cooperativistas. A pesar de que manos no faltan, la plataforma, que aún está en desarrollo para internacionalizarse, está actualmente disponible tan solo en Alemania y solo desde 2012.

Mientras tanto, el hiperconsumismo (y la producción y consumo de recursos que conlleva) sigue haciendo estragos en nuestro planeta. Otras plataformas, gracias a ese capital que tanto se critica, permiten desde hace algunos años, y a nivel global gracias a su enorme masa crítica, intercambiar, comprar, vender, regalar y prestar objetos, evitando así esa hiperproducción.

Teniendo en cuenta que tan solo en España en 2015 se ahorraron 700.000 toneladas de CO2 gracias a la segunda mano y que mueren en la UE cada año 500.000 personas debido a la contaminación (buena parte también producida por el tráfico), quizás el tiempo apremia y no podemos esperar tanto a que se tomen decisiones de manera colaborativa, distribuida, abierta y horizontal.

Más ejemplos. LaZooz -basada en blockchain- también prometía ser el nuevo Uber descentralizado. Eso hasta que dejó de funcionar hace ya más de dos años. Su campaña de crowdfunding no funcionó y supongo que fueron uno de los pioneros con la token sale (ICO) que sacaron en 2015 y sobre cuyo resultado -y finalidad del dinero obtenido- no he encontrado información.

Juno, otro ejemplo que se ponía desde Shareable como ejemplo de cooperativa de plataforma -y que no lo era- se vendió por 200 millones a otra empresa, dejando a sus conductores tirados y cabreados.

Sobre unicornios mitológicos

Antes de finalizar, hay otro extracto del artículo que me gustaría comentar: “No podemos mirar para otro lado. La economía colaborativa nos hace la vida más fácil y hay que promoverla, pero a lo que ciertas bestias disfrazadas de unicornios practican lo llaman colaborativo y no lo es. Miremos con lupa lo que nos venden como democratización, no sea que nos la estén metiendo doblada.”

Ninguna plataforma practica la economía colaborativa: es la ciudadanía la que hace uso de estas herramientas para convertirse en ciudadanos productores, democratizando así más la economía. Me parece genial que existan modelos de co-propiedad, pero tiene que demostrarse antes que son más eficientes y que pueden hacer las cosas mejor para que la demanda haga uso de ellos, si no no serán más que ideas bonitas pero existentes tan solo en nuestra imaginación. Es decir, que quizás los unicornios mitológicos sean realmente estos modelos.

My two cents

Antes de ponernos a filosofar sobre la gobernanza de las plataformas hay que resolver la duda de si la gente quiere convertirse en co-propietaria – y por tanto socio- de todas y cada una de las plataformas que utiliza. ¿Queremos ser todos empresarios o tan solo usuarios? Pues dependerá de la persona y la plataforma ¿la gobernanza participativa garantiza el mejor resultado a la hora de tomar decisiones o lo garantiza más la toma de decisiones basadas en la dedicación plena a un proyecto, el conocimiento y la experiencia, además de en la responsabilidad?

Dudas interesantes, a mi entender, sobre las que hay que reflexionar antes de señalar a nadie por el simple hecho de tener éxito. Éxito que, no lo olvidemos, no dan las rondas de financiación (aunque ayudan, claro), sino los usuarios con su elección a la hora de consumir y ahora, también, producir.

Para ir acabando, me gustaría ofrecer ejemplos de plataformas de la economía colaborativa con estructura de startup tradicional y que no sólo están haciendo las cosas muy bien, por tener gente con ética y con valores detrás liderando, sino que están creando un gran impacto gracias a la eficiencia y las cifras que representan: SocialCar, Tutellus, Sharing Academy, Place to plug, Plan and go, Upcyclick…todas españolas. Y extranjeras: Yescapa, Ulule, Caramaps, GuestToGuest, Timerepublik…por poner sólo algunos ejemplos, que creo que merecen al menos un poco más de análisis para tratar un sector muy complicado a la hora de llevar a cabo proyectos.

La economía colaborativa necesita mucha crítica para que se desarrolle de la manera más sana posible. Estamos en el “minuto uno” y, debido a la escalabilidad que representa, se cometerán fallos que tendrán impacto. Estos fallos hay que ponerlos sobre la mesa para corregirlos a la mayor brevedad posible. De ahí a ser un caldo de cultivo para la crítica sin base y convertir todo un sector en diana para el clickbait de muchos medios hay un trecho.

Foto de portada by unsplash-logoJohn Schnobrich

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Viviendo en el futuro del trabajo como consultor, blogger, autor, profesor y speaker especializado en el sector colaborativo. Fundador de startupscolaborativas.com y conector en OuiShare. Entusiasta de los sistemas que empoderan a las personas, los modelos de negocio innovadores y los emprendedores sin miedo a equivocarse. Sígueme en twitter @PakoBautista

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