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Una solución colectiva de vivienda ‘antiespeculativa’ para un problema colectivo

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Una solución colectiva de vivienda ‘antiespeculativa’ para un problema colectivo

El modelo cooperativo de vivienda en cesión de uso, entre el alquiler y la propiedad, se estrena en Barcelona con dos proyectos piloto de las cooperativas Sostre Cívic y La Borda.

Princesa 49

En el barrio Gótico de Barcelona, entre las riadas de turistas y locales que se dirigen a contracorriente hacia el centro de la ciudad y el parque de la Ciutadella, hay un edificio que le planta cara a la especulación inmobiliaria y la gentrificación: el número 49 de la calle Princesa. Este bloque de 5 pisos donde este mes de mayo han empezado a vivir varias familias, se ha convertido en un modelo de vivienda excepcional –bajo la categoría de vivienda cooperativa en cesión de uso– en un contexto en el que los alquileres suben de forma constante.

Durante los próximos 75 años el precio del alquiler de los pisos de Princesa 49, propiedad del Ayuntamiento de Barcelona y cedida a la cooperativa Sostre Cívic, está fijado entre 400 y 470 euros al mes, cuando la media de alquiler en este distrito era de 786 euros a inicios del 2017 según la Generalitat.

El diseño de los pisos, que han tenido que ser rehabilitados, se ha hecho a través de un proceso participativo entre todos los socios de la cooperativa que han entrado a vivir, quienes abonaron una entrada inicial y única de 9.000 euros (retornables en caso de abandonar el proyecto). En el diseño se han tenido en cuenta los espacios comunes de convivencia para todo el edificio como un estudio-biblioteca o una exposición abierta al barrio en la planta baja. Helena Trias de Sostre Cívic explica que diseñar espacios desde el principio “te permite plantearlo para compartir recursos, servicios y espacios. Hacer colectivas cosas que habitualmente están individualizadas”.

Iniciativas de vanguardia basadas en el modelo Andel

Princesa 49, junto con La Borda, un edificio que acabará de construirse en julio en las inmediaciones del recinto industrial de Can Batlló (barrio de Sants), son los dos primeros proyectos piloto que se hacen en Cataluña donde el terreno que se cede a las cooperativas de vivienda en cesión de uso es público y las viviendas de protección oficial. Los dos proyectos son muy diferentes de forma intencionada, para experimentar y asentar bases de un modelo que busca ser replicable y que en ciudades de países del norte de Europa como Dinamarca es la modalidad (Andel) de prácticamente el 30% del parque de viviendas.

El proyecto de La Borda, además de ser más grande -28 viviendas-, parte de una base distinta. Mientras que a Princesa 49 se le propuso rehabilitar un edificio desocupado y en mal estado, a La Borda se le cedió un solar. Eso les ha permitido diseñar el edificio por completo: desde los materiales que querían usar para la construcción, hasta la amplitud de los espacios comunes. Algunos de estos espacios son una cocina-comedor, un espacio de salud y curas y una lavandería, todo comunitario y articulado alrededor de un patio interior que recuerda a las “corrales”, típicas de la vivienda social y popular.

Los dos proyectos se basan en el modelo Andel, un modelo cooperativo de vivienda en régimen de cesión de uso en el que la propiedad del inmueble es colectiva y recae en la cooperativa. Por eso se dice que es un modelo entre la propiedad y el alquiler. Es la cooperativa quien pide un préstamo a entidades financieras comunes o alternativas, que devuelve con la aportación inicial de cada inquilino y la suma de sus mensualidades.

Los inquilinos deben ser socios de la cooperativa, aunque cada una establece su propio método de selección y las decisiones se toman a través de una asamblea. La principal virtud del modelo es la capacidad de blindar patrimonio vacío, en desuso o en el mercado libre contra la especulación ya que el inquilino no puede ni vender ni alquilar el piso a un precio mayor que el estipulado de forma colectiva. “El grupo es quien tiene la capacidad de controlar que el individuo no tenga capacidad de lucrarse individualmente. El Estado de alguna manera lo puede controlar legalmente, pero es el grupo quien lo controla socialmente”, enfatiza Carles Baiges, integrante de La Borda.

Es una clara apuesta por el valor de uso, contrapuesto al valor de un bien de consumo. Helena Trias de Sostre Cívic remarca la trayectoria -de más de 100 años – del modelo: “Ya se ha visto que este modelo funciona: cómo iniciar un proyecto, el financiamiento y la amortización”.

La Borda: cooperativismo extendido

El proyecto concreto de La Borda ha conseguido llevar su filosofía cooperativista y verde a casi todas las fases del proyecto. Todas las cooperativas que La Borda contrató para proveerles de servicios forman parte de la economía solidaria. “En tema servicios fue siempre posible, aunque no con la obra”, explica Carles Baiges de La Borda. Pero su relación con las cooperativas no sólo se extiende a la fase de construcción, sino también a la posterior. Tienen pensado contratar la luz con Som Energia, el wifi con Guifi.net y alquilarán un local comercial de su recinto a una cooperativa de consumo ecológico del barrio, l’Economat. Aunque se plantearon también trabajar con Som Mobilitat, la buena conexión del barrio ha hecho que no surgiera la necesidad de soluciones para la movilidad.

Por qué Barcelona necesita alternativas de vivienda

Carles Baiges, que vivirá en La Borda, cree que el sistema de vivienda existente le dejaba fuera del juego: “La gente utiliza la propiedad privada casi como una acción en bolsa, un depósito bancario y no para satisfacer las necesidades de vivienda. Hacen falta este tipo de alternativas para contrarrestar estas lógicas”, aunque coincide con Helena Trias de Sostre Cívic con que no es la única forma.

Un tiempo después del inicio de estos dos proyectos piloto que ya son una realidad, el Ayuntamiento de Barcelona sacó a concurso 7 solares para la vivienda cooperativa en cesión de uso. Cuatro de ellos se adjudicaron a las cooperativas La Xarxaire, Llar Jove, Associació Cohabitatge Cooperatiu y, de nuevo, Sostre Cívic. En Madrid, también trabaja en esta dirección la cooperativa Entrepatios. Y fuera de las ciudades encontramos ejemplos en el medio rural como Cal Cases (Cataluña).

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Natalia Santolaria

Periodista de formación, se pregunta a menudo cómo viviremos en el futuro. Y en su intento por responder se interesa por la innovación y por las otras economías: la colaborativa, la social y solidaria y la verde.

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